Pintarse las uñas: lo que quizá nunca nos hemos preguntado
Qué contiene realmente un esmalte, qué dice la ciencia sobre sus ingredientes y por qué hemos acabado eligiendo Nailberry.
En este artículo
Pintarse las uñas es uno de esos gestos que se realiza casi sin pensar. Much@s empiezan siendo niñ@s. Cambiamos de colores, de marcas, pasamos temporadas sin pintarlas y volvemos a hacerlo. Algunas mantienen la manicura prácticamente todo el año.
Y durante mucho tiempo la conversación alrededor de un esmalte fue bastante sencilla: ¿me gusta el color?, ¿cubre bien?, ¿cuánto dura? Hasta que empezó a circular información incómoda sobre todo lo que esconde un esmalte de uñas.
Porque un esmalte no es simplemente un pigmento que ponemos sobre una superficie inerte. Para conseguir que un líquido se extienda, se adhiera a la uña, forme una película uniforme, sea flexible, tenga brillo, no se cuartee y permanezca varios días necesitamos varias familias de ingredientes:
Y algunas de las sustancias utilizadas históricamente para conseguirlo empezaron a llamar la atención de toxicólogos y autoridades sanitarias.
¿Por qué se puso el foco precisamente en los esmaltes?
Hay una razón importante que pocas veces se explica. Cuando nos pintamos las uñas no estamos necesariamente exponiéndonos solo a la superficie de la uña.
Abrimos un pequeño recipiente que contiene sustancias volátiles. Las aplicamos a pocos centímetros de nuestra nariz y boca. Parte de los disolventes se evapora mientras el esmalte seca; podemos manchar accidentalmente la piel y las cutículas y, dependiendo del compuesto, también puede producirse absorción dérmica.
Y cuando pasamos del esmalte convencional a determinados sistemas de gel, acrílico o semipermanente aparecen además otros componentes —monómeros, fotoiniciadores, polvo generado durante el limado y exposición a lámparas UV/LED— que plantean preguntas diferentes.
Un esmalte convencional y una manicura gel o semipermanente no son químicamente lo mismo.
Pero hubo otro motivo decisivo: las manicuristas
Una consumidora puede pintarse las uñas una vez a la semana. Una profesional puede realizar varias manicuras cada día, cinco días a la semana, durante años. Y esa diferencia cambia completamente la exposición.
Las trabajadoras de los salones pueden estar expuestas simultáneamente a vapores de disolventes, compuestos semivolátiles, polvo procedente del limado y sustancias en contacto con la piel. Una revisión científica publicada en 2025 describe precisamente exposición ocupacional a compuestos orgánicos volátiles, partículas finas, radiación ultravioleta y otros agentes en este colectivo.1
Ahí empezó buena parte de la preocupación científica. Y de ahí hemos aprendido algo que después resulta útil también para quienes simplemente se pintan las uñas en casa:
Tres nombres que cambiaron la historia del pintauñas
Durante años se habló del llamado toxic trio de los esmaltes. Los tres cumplían funciones útiles:
Disolvente
Tolueno
Ayuda a conseguir una aplicación uniforme.
Plastificante
Dibutil ftalato (DBP)
Da flexibilidad a la película y evita que el esmalte se cuartee.
Endurecedor
Formaldehído
Y determinadas resinas relacionadas, por sus propiedades endurecedoras.
El problema es que con el tiempo aumentó el conocimiento toxicológico sobre estas sustancias y también cambió su regulación. El DBP está actualmente prohibido en cosméticos en la Unión Europea. El formaldehído como ingrediente cosmético también está prohibido.
Y no hablamos únicamente de historia. En 2022, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ordenó retirar del mercado español un endurecedor de uñas después de detectarse formaldehído en su composición.
La regulación cosmética no es una fotografía fija. Evoluciona cuando evoluciona el conocimiento.
Y hace apenas un año volvió a suceder
Aquí aparece uno de los motivos por los que queríamos escribir este artículo precisamente ahora.
Y el asunto no terminó ahí. Durante 2026 la AEMPS ha seguido comunicando productos detectados en el mercado que incumplían esta prohibición. En su boletín de abril-junio aparece, por ejemplo, el esmalte de gel Thuya Gel ON-Off B Color, cuya comercialización fue prohibida porque su listado de ingredientes contenía TPO.3
Esto no significa que durante años todas las mujeres que utilizaron TPO hayan sufrido un daño. Significa algo bastante diferente y mucho más interesante:
Una sustancia que ayer podía utilizarse legalmente puede dejar de estar autorizada cuando cambia la evidencia y, como consecuencia, cambia su clasificación regulatoria.
Entonces llegaron los «3-free», «5-free», «7-free»…
La industria también reaccionó. Primero aparecieron los esmaltes 3-free, que normalmente reivindicaban la ausencia de tolueno, formaldehído y DBP. Después llegaron los demás:
La dirección nos parece positiva: sustituir sustancias sobre las que existen motivos razonables de preocupación. Pero aquí también necesitamos un poco de espíritu crítico.
Un número más grande delante de «free» no convierte automáticamente un esmalte en mejor.
En 2025, investigadores de NIOSH estudiaron las emisiones generadas por 19 productos comercializados como n-free en condiciones experimentales que simulaban un salón. Detectaron formaldehído, tolueno y benceno en distintas concentraciones incluso en estos productos.4
Y un estudio mucho más amplio publicado en abril de 2026 en Science of the Total Environment vuelve a mostrarnos por qué merece la pena mirar más allá de la etiqueta. Investigadores del California Department of Toxic Substances Control analizaron 178 productos para uñas de 21 categorías, buscando 52 sustancias orgánicas.5
Pero hay otra parte del estudio igual de importante. Cuando los investigadores modelizaron la exposición, estimaron un riesgo bajo para el uso doméstico individual en el escenario estudiado. La situación cambiaba al considerar múltiples productos y, especialmente, la exposición repetida de las profesionales.
Presencia no significa automáticamente riesgo. Pero conocer qué hay realmente en los productos sigue siendo fundamental para poder reducir exposiciones innecesarias.
El curioso caso del TPHP
La historia de los esmaltes contiene además una lección interesante sobre las sustituciones. Cuando determinados ftalatos empezaron a desaparecer de las formulaciones, se utilizaron otros plastificantes. Uno de ellos fue el triphenyl phosphate o TPHP.
En un pequeño pero interesante estudio de biomonitorización, investigadores analizaron esmaltes y después la orina de mujeres que se habían pintado las uñas con un producto que contenía TPHP.6
Eso no demuestra que pintarse las uñas con TPHP provoque una enfermedad. Demuestra algo previo y muy importante:
Lo que ponemos sobre las uñas puede convertirse en exposición interna.
Y ésa es probablemente una de las razones más claras para entender por qué los esmaltes dejaron de considerarse únicamente una cuestión estética.
Nuestra elección
Después de investigar todo esto, ¿por qué hemos elegido Nailberry?
Ésta fue también nuestra pregunta. No buscábamos un esmalte «sin químicos». Eso no existe: un pintauñas necesita química para ser un pintauñas.
Queríamos otra cosa: una formulación convencional de buenas prestaciones que hubiera decidido prescindir de determinadas sustancias cuya historia toxicológica o regulatoria nos parecía suficiente para preferir alternativas. Y ahí encontramos Nailberry L'Oxygéné.
Y su nueva generación L'Oxygéné Bio-sourced incorpora, según la marca, un 75 % de ingredientes de origen natural, utilizando biomasa vegetal procedente de materias primas como caña de azúcar, maíz y algodón.8
Aquí queremos hacer una aclaración
«De origen natural» no significa «sin química» ni automáticamente «más seguro». Una materia prima puede proceder de biomasa vegetal y después sufrir diferentes procesos químicos hasta convertirse en el ingrediente que necesita la fórmula.
Para nosotros ese 75 % tiene principalmente interés desde el punto de vista del origen de las materias primas y la reducción de dependencia de recursos fósiles. No utilizamos el origen vegetal como sinónimo de inocuidad.
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Los tonos que hemos seleccionado
¿Y eso de que las uñas «respiran»?
Nailberry denomina L'Oxygéné a su tecnología porque la película que forma el esmalte presenta mayor permeabilidad al oxígeno y al vapor de agua que un esmalte convencional. La marca afirma haber medido esta propiedad mediante ensayos de difusión.8
Es una propiedad física interesante. Pero nosotros no os vamos a decir que «las uñas necesitan respirar». Porque no es exactamente así.
La placa ungueal está formada fundamentalmente por queratina y no obtiene el oxígeno que necesita del aire exterior como si fuera un pequeño pulmón. Curiosamente, la propia Nailberry reconoce que las uñas están hechas esencialmente de queratina y que no necesitan respirar.8
Por tanto, nos quedamos con el dato que podemos defender:
La película es más permeable. No necesitamos convertirlo en algo que biológicamente no significa lo mismo.
Fuentes
1. Revisión sobre exposición ocupacional en trabajadoras de salones de uñas (2025). PubMed.
2. Comisión Europea, Mercado Interior y PYMEs — prohibición del TPO en productos cosméticos, en vigor desde el 1 de septiembre de 2025.
3. AEMPS, boletín de productos cosméticos abril-junio de 2026.
4. NIOSH (2025), estudio de emisiones de 19 productos comercializados como n-free. CDC.
5. California Department of Toxic Substances Control, análisis de 178 productos para uñas. Science of the Total Environment, abril de 2026. ScienceDirect.
6. Estudio de biomonitorización sobre TPHP y DPHP urinario tras la aplicación de esmalte. ScienceDirect.
7. MotherToBaby — hoja informativa sobre esmaltes de uñas en embarazo y lactancia.
8. Información técnica y de formulación publicada por Nailberry London sobre la gama L'Oxygéné y L'Oxygéné Bio-sourced.
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Comerciante y comunicador con formación en periodismo y trayectoria comercial.

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