Pintarse las uñas: qué sabemos hoy sobre los esmaltes

Investigación

Pintarse las uñas: lo que quizá nunca nos hemos preguntado

Qué contiene realmente un esmalte, qué dice la ciencia sobre sus ingredientes y por qué hemos acabado eligiendo Nailberry.

En este artículo

Por qué el foco en los esmaltes El toxic trio La prohibición del TPO Los «n-free» El caso del TPHP ¿Y nuestras hijas? ¿Y en el embarazo? Por qué Nailberry

Pintarse las uñas es uno de esos gestos que se realiza casi sin pensar. Much@s empiezan siendo niñ@s. Cambiamos de colores, de marcas, pasamos temporadas sin pintarlas y volvemos a hacerlo. Algunas mantienen la manicura prácticamente todo el año.

Y durante mucho tiempo la conversación alrededor de un esmalte fue bastante sencilla: ¿me gusta el color?, ¿cubre bien?, ¿cuánto dura? Hasta que empezó a circular información incómoda sobre todo lo que esconde un esmalte de uñas.

Porque un esmalte no es simplemente un pigmento que ponemos sobre una superficie inerte. Para conseguir que un líquido se extienda, se adhiera a la uña, forme una película uniforme, sea flexible, tenga brillo, no se cuartee y permanezca varios días necesitamos varias familias de ingredientes:

Disolventes Formadores de película Plastificantes Resinas Pigmentos Otros aditivos

Y algunas de las sustancias utilizadas históricamente para conseguirlo empezaron a llamar la atención de toxicólogos y autoridades sanitarias.

¿Por qué se puso el foco precisamente en los esmaltes?

Hay una razón importante que pocas veces se explica. Cuando nos pintamos las uñas no estamos necesariamente exponiéndonos solo a la superficie de la uña.

Abrimos un pequeño recipiente que contiene sustancias volátiles. Las aplicamos a pocos centímetros de nuestra nariz y boca. Parte de los disolventes se evapora mientras el esmalte seca; podemos manchar accidentalmente la piel y las cutículas y, dependiendo del compuesto, también puede producirse absorción dérmica.

Y cuando pasamos del esmalte convencional a determinados sistemas de gel, acrílico o semipermanente aparecen además otros componentes —monómeros, fotoiniciadores, polvo generado durante el limado y exposición a lámparas UV/LED— que plantean preguntas diferentes.

Esmalte convencional

Seca al aire. Disolventes que se evaporan y una película que se forma sola.

Gel o semipermanente

Monómeros, fotoiniciadores, lámpara UV/LED y polvo de limado. Otra química y otras preguntas.

Un esmalte convencional y una manicura gel o semipermanente no son químicamente lo mismo.

Pero hubo otro motivo decisivo: las manicuristas

Una consumidora puede pintarse las uñas una vez a la semana. Una profesional puede realizar varias manicuras cada día, cinco días a la semana, durante años. Y esa diferencia cambia completamente la exposición.

Las trabajadoras de los salones pueden estar expuestas simultáneamente a vapores de disolventes, compuestos semivolátiles, polvo procedente del limado y sustancias en contacto con la piel. Una revisión científica publicada en 2025 describe precisamente exposición ocupacional a compuestos orgánicos volátiles, partículas finas, radiación ultravioleta y otros agentes en este colectivo.1

Ahí empezó buena parte de la preocupación científica. Y de ahí hemos aprendido algo que después resulta útil también para quienes simplemente se pintan las uñas en casa:

La distinción fundamental

Peligro y riesgo no son lo mismo.

Que una sustancia tenga propiedades peligrosas no significa que utilizar una vez un producto que la contiene vaya a provocarnos un daño. Importan la cantidad, la vía de entrada y, sobre todo, cuánto y con qué frecuencia nos exponemos.

Tres nombres que cambiaron la historia del pintauñas

Durante años se habló del llamado toxic trio de los esmaltes. Los tres cumplían funciones útiles:

Disolvente

Tolueno

Ayuda a conseguir una aplicación uniforme.

Plastificante

Dibutil ftalato (DBP)

Da flexibilidad a la película y evita que el esmalte se cuartee.

Endurecedor

Formaldehído

Y determinadas resinas relacionadas, por sus propiedades endurecedoras.

El problema es que con el tiempo aumentó el conocimiento toxicológico sobre estas sustancias y también cambió su regulación. El DBP está actualmente prohibido en cosméticos en la Unión Europea. El formaldehído como ingrediente cosmético también está prohibido.

Y no hablamos únicamente de historia. En 2022, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ordenó retirar del mercado español un endurecedor de uñas después de detectarse formaldehído en su composición.

La regulación cosmética no es una fotografía fija. Evoluciona cuando evoluciona el conocimiento.

Y hace apenas un año volvió a suceder

Aquí aparece uno de los motivos por los que queríamos escribir este artículo precisamente ahora.

Prohibido en cosméticos en la UE 1 de septiembre de 2025

Trimethylbenzoyl Diphenylphosphine Oxide

TPO

Se utilizaba como fotoiniciador en determinados sistemas de uñas artificiales: ayuda a iniciar la reacción de polimerización cuando el producto se expone a la luz. Hasta entonces estaba autorizado en determinadas condiciones para uso profesional.

Su clasificación armonizada como tóxico para la reproducción categoría 1B activó el mecanismo previsto por la legislación cosmética europea y pasó a la lista de sustancias prohibidas.2

Y el asunto no terminó ahí. Durante 2026 la AEMPS ha seguido comunicando productos detectados en el mercado que incumplían esta prohibición. En su boletín de abril-junio aparece, por ejemplo, el esmalte de gel Thuya Gel ON-Off B Color, cuya comercialización fue prohibida porque su listado de ingredientes contenía TPO.3

Esto no significa que durante años todas las mujeres que utilizaron TPO hayan sufrido un daño. Significa algo bastante diferente y mucho más interesante:

Una sustancia que ayer podía utilizarse legalmente puede dejar de estar autorizada cuando cambia la evidencia y, como consecuencia, cambia su clasificación regulatoria.

Entonces llegaron los «3-free», «5-free», «7-free»…

La industria también reaccionó. Primero aparecieron los esmaltes 3-free, que normalmente reivindicaban la ausencia de tolueno, formaldehído y DBP. Después llegaron los demás:

3 · 5 · 7 · 10 · 12 · 21 -free

La dirección nos parece positiva: sustituir sustancias sobre las que existen motivos razonables de preocupación. Pero aquí también necesitamos un poco de espíritu crítico.

Un número más grande delante de «free» no convierte automáticamente un esmalte en mejor.

En 2025, investigadores de NIOSH estudiaron las emisiones generadas por 19 productos comercializados como n-free en condiciones experimentales que simulaban un salón. Detectaron formaldehído, tolueno y benceno en distintas concentraciones incluso en estos productos.4

Y un estudio mucho más amplio publicado en abril de 2026 en Science of the Total Environment vuelve a mostrarnos por qué merece la pena mirar más allá de la etiqueta. Investigadores del California Department of Toxic Substances Control analizaron 178 productos para uñas de 21 categorías, buscando 52 sustancias orgánicas.5

California DTSC · 178 productos analizados

52

sustancias buscadas

29

detectadas

92 %

contenía al menos una sustancia no declarada como ingrediente

Entre las sustancias detectadas estaban tolueno, formaldehído y metacrilato de metilo.

Pero hay otra parte del estudio igual de importante. Cuando los investigadores modelizaron la exposición, estimaron un riesgo bajo para el uso doméstico individual en el escenario estudiado. La situación cambiaba al considerar múltiples productos y, especialmente, la exposición repetida de las profesionales.

Presencia no significa automáticamente riesgo. Pero conocer qué hay realmente en los productos sigue siendo fundamental para poder reducir exposiciones innecesarias.

El curioso caso del TPHP

La historia de los esmaltes contiene además una lección interesante sobre las sustituciones. Cuando determinados ftalatos empezaron a desaparecer de las formulaciones, se utilizaron otros plastificantes. Uno de ellos fue el triphenyl phosphate o TPHP.

En un pequeño pero interesante estudio de biomonitorización, investigadores analizaron esmaltes y después la orina de mujeres que se habían pintado las uñas con un producto que contenía TPHP.6

Entre 10 y 14 horas después de la manicura

× 7

aumentó la concentración urinaria de DPHP, un metabolito del TPHP. El experimento sugirió además que la vía dérmica desempeñaba un papel importante.

Eso no demuestra que pintarse las uñas con TPHP provoque una enfermedad. Demuestra algo previo y muy importante:

Lo que ponemos sobre las uñas puede convertirse en exposición interna.

Y ésa es probablemente una de las razones más claras para entender por qué los esmaltes dejaron de considerarse únicamente una cuestión estética.

Una pregunta frecuente

¿Y nuestras hijas?

Aquí hay un dato que nos sorprendió especialmente. En el estudio de 2026 que analizó los 178 productos, los investigadores compararon también aquellos comercializados específicamente para niños con los demás.

Los productos infantiles no presentaban, en general, menos sustancias potencialmente preocupantes ni concentraciones sistemáticamente menores.5

La asociación que hacemos inconscientemente

producto infantil = producto más inocuo

Pero tampoco debemos sacar la conclusión contraria. La evidencia disponible no permite afirmar que pintar ocasionalmente las uñas de una niña con un esmalte convencional vaya a perjudicar su salud.

Lo que sí podemos hacer es aplicar un principio bastante sencillo: cuando una exposición cosmética no es necesaria y tenemos alternativas, tiene sentido reducirla. Especialmente con niñas pequeñas, preferimos:

Uso ocasional Convencional antes que gel Aplicación por un adulto Buena ventilación Evitar piel y cutículas Esperar al secado completo

Y si todavía se chupa habitualmente los dedos o se muerde las uñas, quizá simplemente podamos esperar un poco. No pasa nada.

Otra pregunta frecuente

¿Y durante el embarazo?

Probablemente sea una de las primeras preguntas que muchas mujeres se harán al leer todo lo anterior. Y aquí tampoco queremos generar un miedo que la evidencia no justifica.

Una manicura ocasional y trabajar ocho horas diarias en un salón son escenarios de exposición completamente diferentes.

La información disponible actualmente no indica que el uso rutinario y ocasional de esmaltes convencionales durante el embarazo aumente de forma conocida el riesgo. MotherToBaby —servicio especializado en exposiciones durante embarazo y lactancia— considera que las pequeñas cantidades absorbidas durante una manicura habitual no se espera que aumenten el riesgo conocido para el embarazo.7

La situación profesional es más compleja. Los estudios realizados entre trabajadoras de salones son todavía limitados y no permiten establecer de manera consistente un aumento de abortos espontáneos o malformaciones, aunque existen señales en algunos trabajos y sabemos que la exposición depende enormemente de las horas trabajadas, los productos utilizados y la ventilación.7

Durante el embarazo no hablaríamos de prohibición. Hablaríamos de reducir exposición cuando sea sencillo: elegir mejor el producto, espaciar las manicuras y utilizarlas en lugares bien ventilados.

Nuestra elección

Después de investigar todo esto, ¿por qué hemos elegido Nailberry?

Ésta fue también nuestra pregunta. No buscábamos un esmalte «sin químicos». Eso no existe: un pintauñas necesita química para ser un pintauñas.

Queríamos otra cosa: una formulación convencional de buenas prestaciones que hubiera decidido prescindir de determinadas sustancias cuya historia toxicológica o regulatoria nos parecía suficiente para preferir alternativas. Y ahí encontramos Nailberry L'Oxygéné.

Nailberry L'Oxygéné

No es una manicura gel ni semipermanente: es un esmalte convencional que seca al aire y no necesita lámpara UV/LED. La propia marca confirma además que no utiliza HEMA, uno de los monómeros sensibilizantes asociados a determinados sistemas de gel.8

Su formulación prescinde, entre otras sustancias, de

Ftalatos, incluido DBP Tolueno Formaldehído Resina de formaldehído Xileno TPHP

Y su nueva generación L'Oxygéné Bio-sourced incorpora, según la marca, un 75 % de ingredientes de origen natural, utilizando biomasa vegetal procedente de materias primas como caña de azúcar, maíz y algodón.8

Aquí queremos hacer una aclaración

«De origen natural» no significa «sin química» ni automáticamente «más seguro». Una materia prima puede proceder de biomasa vegetal y después sufrir diferentes procesos químicos hasta convertirse en el ingrediente que necesita la fórmula.

Para nosotros ese 75 % tiene principalmente interés desde el punto de vista del origen de las materias primas y la reducción de dependencia de recursos fósiles. No utilizamos el origen vegetal como sinónimo de inocuidad.

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¿Y eso de que las uñas «respiran»?

Nailberry denomina L'Oxygéné a su tecnología porque la película que forma el esmalte presenta mayor permeabilidad al oxígeno y al vapor de agua que un esmalte convencional. La marca afirma haber medido esta propiedad mediante ensayos de difusión.8

Es una propiedad física interesante. Pero nosotros no os vamos a decir que «las uñas necesitan respirar». Porque no es exactamente así.

La placa ungueal está formada fundamentalmente por queratina y no obtiene el oxígeno que necesita del aire exterior como si fuera un pequeño pulmón. Curiosamente, la propia Nailberry reconoce que las uñas están hechas esencialmente de queratina y que no necesitan respirar.8

Por tanto, nos quedamos con el dato que podemos defender:

La película es más permeable. No necesitamos convertirlo en algo que biológicamente no significa lo mismo.

Entonces, ¿son los esmaltes peligrosos?

Nuestra respuesta es que no es ésa la pregunta correcta.

La ciencia no nos dice que debamos dejar de pintarnos las uñas. Nos enseña algo mucho más útil: que durante décadas hemos utilizado determinados ingredientes; que algunos han acabado restringidos o prohibidos cuando avanzó el conocimiento; que otros siguen investigándose; que una exposición ocasional no es comparable con una exposición profesional diaria y que «natural», «infantil» o «21-free» tampoco deberían sustituir nuestra capacidad de mirar qué contiene realmente un producto.

Y precisamente por eso hemos decidido incorporar Nailberry a El Gramo Original. No porque podamos prometer que sea un esmalte «sin tóxicos». Ni porque creamos que haya que tener miedo a pintarse las uñas.

Sino porque si podemos seguir haciendo algo que nos gusta con una formulación que prescinde de algunas sustancias que preferimos evitar, nos parece una buena elección.

No se trata de tener miedo a la química. Se trata de conocerla un poco mejor. Y después, elegir.

Fuentes

1. Revisión sobre exposición ocupacional en trabajadoras de salones de uñas (2025). PubMed.

2. Comisión Europea, Mercado Interior y PYMEs — prohibición del TPO en productos cosméticos, en vigor desde el 1 de septiembre de 2025.

3. AEMPS, boletín de productos cosméticos abril-junio de 2026.

4. NIOSH (2025), estudio de emisiones de 19 productos comercializados como n-free. CDC.

5. California Department of Toxic Substances Control, análisis de 178 productos para uñas. Science of the Total Environment, abril de 2026. ScienceDirect.

6. Estudio de biomonitorización sobre TPHP y DPHP urinario tras la aplicación de esmalte. ScienceDirect.

7. MotherToBaby — hoja informativa sobre esmaltes de uñas en embarazo y lactancia.

8. Información técnica y de formulación publicada por Nailberry London sobre la gama L'Oxygéné y L'Oxygéné Bio-sourced.

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Eduardo Ghigliotto Vega

Comerciante y comunicador con formación en periodismo y trayectoria comercial.

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