El experimento de los siete días
Qué demuestra realmente el ensayo clínico de Nature Medicine que consiguió reducir la exposición a bisfenoles y ftalatos en solo una semana.
Hay noticias que ocupan portadas durante días y desaparecen tan rápido como llegaron. Y hay otras que apenas reciben atención, a pesar de que podrían cambiar nuestra forma de entender la salud cotidiana.
El 21 de abril de 2026, la revista científica Nature Medicine —uno de los referentes en comunicación científica mundial— publicó un ensayo clínico que respondía a una pregunta tan sencilla como relevante:
¿Es posible reducir, en solo siete días, la presencia en nuestro organismo de determinados compuestos asociados al uso cotidiano de plásticos?
La respuesta fue sí. Sin embargo, detrás de esa publicación hay una historia que pocas veces se cuenta. Cuando un estudio aparece en una revista científica de prestigio, no significa que el experimento se haya realizado unas semanas antes. Significa que los investigadores llevan años trabajando en él.
Este detalle nos recuerda cómo avanza la ciencia: con tiempo, revisión y contraste. Los resultados que vamos a analizar no son una opinión ni una noticia apresurada, sino la conclusión de un proceso científico cuidadosamente revisado.
Porque, aunque el estudio no demuestra que vayamos a vivir más años ni que prevenga una enfermedad concreta, sí aporta una evidencia muy valiosa: nuestras decisiones cotidianas pueden modificar de forma medible la exposición del organismo a determinados compuestos asociados a materiales plásticos en apenas una semana.
¿Qué investigaron exactamente?
El estudio, denominado PERTH Trial, fue desarrollado por investigadores de la University of Western Australia, el Royal Perth Hospital, ChemCentre y otras instituciones australianas. Su objetivo era responder a una pregunta muy concreta:
¿Puede reducirse la exposición a bisfenoles y ftalatos simplemente modificando algunos hábitos cotidianos durante siete días?
La pregunta puede parecer sencilla, pero hasta ahora nadie la había respondido mediante un ensayo clínico aleatorizado, considerado uno de los diseños más sólidos para evaluar una intervención.
Hasta ese momento, la mayoría de investigaciones se limitaban a medir la presencia de estas sustancias en la población y estudiar posibles asociaciones con diferentes problemas de salud. Lo que seguía sin respuesta era una cuestión mucho más práctica: si cambiamos nuestra forma de vivir, ¿cambia también nuestra exposición?
Así se diseñó el experimento
El trabajo combinó dos estudios complementarios:
La duración no fue casual. Muchos bisfenoles y ftalatos permanecen poco tiempo en el organismo antes de ser metabolizados y eliminados por la orina. Esto permite detectar rápidamente si la exposición reciente ha aumentado o disminuido.
Por eso el objetivo nunca fue observar cambios en la salud de los participantes en una semana. Lo que querían comprobar era algo más básico: si el organismo respondía de forma medible a un cambio de hábitos.
¿En qué consistió la intervención?
Muchas personas imaginan que el experimento consistió simplemente en sustituir recipientes de plástico por recipientes de vidrio. Pero no fue así. Los investigadores diseñaron una intervención mucho más amplia. Entre otras medidas:
Se priorizaron alimentos con el menor contacto posible con determinados materiales plásticos durante su producción y distribución.
Se redujo el consumo de alimentos ultraprocesados y sobreenvasados.
Se sustituyeron algunos utensilios y envases de cocina.
Se seleccionaron determinados productos de higiene personal.
La exposición no suele depender de un único objeto, sino de la suma de muchas pequeñas fuentes.
¿Qué son los bisfenoles y los ftalatos?
Aunque sus nombres puedan resultar poco familiares, se trata de compuestos utilizados durante décadas en numerosos productos de consumo.
Bisfenoles
Como el BPA, se han empleado en determinados plásticos rígidos y resinas.
Ftalatos
Se usan sobre todo como plastificantes (aportan flexibilidad), además de estar presentes en algunos productos de higiene personal.
No todos los plásticos contienen bisfenoles ni todos contienen ftalatos. Tampoco todos presentan el mismo comportamiento o el mismo potencial de migración. Precisamente por eso el estudio evita hablar de «plástico» en general y se centra en biomarcadores concretos y medibles.
Un matiz importante: el estudio no analizó microplásticos
Cuando este trabajo comenzó a aparecer en algunos medios, muchos titulares afirmaban que demostraba una reducción de los microplásticos presentes en el organismo. No es correcto.
La precisión que lo cambia todo
No se midieron
Microplásticos
Se midieron
Biomarcadores de exposición
No midieron el plástico. Midieron la «huella» que deja la exposición a determinadas sustancias químicas relacionadas con algunos plásticos y otros productos de uso cotidiano. Puede parecer un detalle técnico, pero cambia completamente la interpretación del estudio. Y mantener esa precisión es esencial para comprender correctamente los resultados.
¿Qué demostró realmente el estudio?
Después de siete días, los investigadores repitieron los análisis de orina. El resultado fue claro: los participantes que siguieron la intervención presentaban niveles significativamente más bajos de varios metabolitos de bisfenoles y ftalatos que al inicio del estudio.
En el grupo de control esos cambios no aparecieron con la misma intensidad. La conclusión es sencilla: modificar algunos hábitos cotidianos durante solo una semana fue suficiente para reducir la exposición reciente a determinados derivados del plástico.
Ahora bien, conviene hacer una pausa. Este estudio no demuestra que siete días sean suficientes para mejorar la salud. Tampoco que desaparezcan los microplásticos del organismo. Lo que demuestra es otra cosa:
Que la exposición a determinados bisfenoles y ftalatos puede reducirse rápidamente cuando cambian nuestros hábitos cotidianos.
¿Podemos reproducir este experimento en casa?
La respuesta corta es sí. La larga es que no hace falta copiar exactamente el protocolo del estudio para inspirarnos en él. Los investigadores diseñaron una intervención muy controlada para poder medir cambios con precisión. En la vida real no necesitamos aspirar a esa perfección.
Lo verdaderamente interesante del PERTH Trial no es el listado exacto de alimentos o productos utilizados, sino la idea que hay detrás: muchas pequeñas decisiones, mantenidas de forma constante, pueden reducir nuestra exposición. Y muchas de esas decisiones coinciden con hábitos que ya asociamos a un estilo de vida saludable: cocinar más en casa, priorizar alimentos frescos, reducir los ultraprocesados o utilizar recipientes reutilizables de calidad.
¿Qué cambios proponía, en esencia, el estudio?
Priorizar alimentos frescos y poco procesados
Cuanto mayor es el procesamiento, mayor suele ser el contacto con materiales de envasado a lo largo de la cadena. Una alimentación basada en productos frescos reduce varias fuentes a la vez.
Elegir materiales estables cuando sea posible
Vidrio, acero inoxidable o cerámica son muy estables para almacenar o servir. No porque el plástico deba evitarse siempre, sino porque a veces hay una alternativa sencilla y duradera.
No calentar alimentos en recipientes no aptos
El calor puede favorecer la migración de algunas sustancias. Conviene usar recipientes específicamente aptos para microondas y seguir las recomendaciones del fabricante.
Revisar algunos productos de cuidado personal
Determinados cosméticos pueden contener compuestos relacionados. No se trata de cambiar todo el baño de golpe, sino de aprovechar cuando un producto se termina para valorar alternativas.
La enseñanza más importante
Si el PERTH Trial deja una idea especialmente interesante, probablemente sea esta: la exposición es acumulativa. Una parte de esas exposiciones puede modificarse mediante decisiones cotidianas perfectamente compatibles con una vida normal. Y eso convierte este estudio en una pieza más de un campo científico que apenas estamos empezando a comprender.
Guía práctica
¿Por dónde empezar? Las áreas donde actuó el PERTH Trial
Los investigadores no pidieron a los participantes que dejaran de usar plástico por completo. Su estrategia consistió en reducir los principales puntos de contacto cotidianos con bisfenoles y ftalatos. Hemos resumido las áreas sobre las que actuaron —la compra, la cocina, el baño y la limpieza— en una guía práctica descargable con 12 cambios sencillos que puedes aplicar en casa.
Referencias
Artículo científico original: Lucas RM, y colaboradores. Low-plastic diet and urinary levels of plastic-associated phthalates and bisphenols: the randomized controlled PERTH Trial. Nature Medicine, 21 de abril de 2026. DOI: 10.1038/s41591-026-04324-7 · https://doi.org/10.1038/s41591-026-04324-7
Editorial de Nature Medicine: Modifying exposure to plastic-associated chemicals in daily living. Nature Medicine, 2026. · https://www.nature.com/articles/s41591-026-04349-y
Resumen en PubMed: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42014506/
Eduardo Ghigliotto Vega
Comerciante y comunicador con formación en periodismo y trayectoria comercial.
