Etoxilación: eficaz, habitual… ¿pero necesaria?
Un proceso industrial que hace posible que muchos detergentes limpien. Funciona desde hace décadas. Pero ¿es la única manera de hacer las cosas?
Sabemos que nadie quiere convertirse en químico para elegir un detergente. Ni aprenderse nombres imposibles, ni descifrar cada ingrediente de una etiqueta. Pero en El Gramo Original tenemos una pequeña obsesión: hacernos siempre una pregunta más.
No solo qué contiene un producto, sino de dónde vienen sus ingredientes, cómo se fabrican y si existe otra manera de hacer las cosas. Y siguiendo una de esas preguntas llegamos a una palabra que probablemente nunca hayas buscado al comprar un detergente: etoxilación.
Un proceso enormemente utilizado por la industria para fabricar algunos de los tensioactivos que hacen posible que nuestros detergentes limpien. Funciona. Se utiliza desde hace décadas. Y tiene muchas razones para existir. Pero cuando descubrimos cómo se hace, apareció una pregunta todavía más interesante:
¿Es necesario fabricar así nuestros detergentes?
Empecemos por el principio: ¿qué limpia realmente?
Buena parte del trabajo de un detergente lo realizan los tensioactivos. Imagina una sartén con grasa bajo el grifo. El agua pasa por encima, pero buena parte de la grasa sigue ahí. Agua y grasa no se llevan demasiado bien.
Ahí entra el tensioactivo. Su molécula tiene, simplificando mucho, una parte con afinidad por la grasa y otra con afinidad por el agua. Esa doble personalidad le permite hacer de intermediario: ayuda a desprender la grasa de la superficie y permite que el agua se la lleve.
Pero no existe un único tensioactivo. Hay muchas familias y, sobre todo, diferentes maneras de fabricar moléculas capaces de hacer ese trabajo. Y una de las más utilizadas por la industria nos lleva directamente al protagonista de esta historia.
¿Qué significa etoxilar?
Podemos partir de un alcohol graso. Que no nos engañe el nombre: no es el alcohol de una bebida ni el de desinfectar. Es otro tipo de molécula, con una larga cadena con afinidad por las grasas. Puede obtenerse de aceites vegetales —como coco o palma— o de materias primas petroquímicas.
Tenemos una parte de la historia. Nos falta conseguir que esa molécula se relacione bien con el agua. Y aquí entra la etoxilación:
El óxido de etileno se obtiene industrialmente a partir del etileno, cuya producción convencional está estrechamente ligada a la industria petroquímica. Además, se pueden incorporar diferentes cantidades de óxido de etileno y modificar así las propiedades del tensioactivo resultante. Y eso resulta extraordinariamente útil.
Los alcoholes grasos etoxilados pueden ofrecer muy buen poder detergente y desengrasante, funcionar en condiciones muy diferentes y producirse de manera estandarizada a enorme escala. Son eficaces, versátiles y económicamente competitivos. No es difícil entender por qué la industria los utiliza.
¿Dónde los encontramos?
En muchos más sitios de los que imaginamos: detergentes para ropa, lavavajillas, limpiadores domésticos, champús, geles y cosméticos pueden contener ingredientes fabricados mediante etoxilación. Pero descubrirlo no siempre es sencillo.
En El Gramo Original hicimos una pequeña investigación propia revisando 36 productos de limpieza disponibles en el mercado español, con un criterio estricto: solo consideramos que un producto contiene un etoxilado cuando la identidad química publicada permitía reconocerlo, no por declarar «tensioactivos no iónicos» de forma genérica.
¿Debemos preocuparnos por los etoxilados?
Aquí necesitamos separar muy bien los conceptos. El óxido de etileno utilizado durante la etoxilación es una sustancia peligrosa: la IARC lo clasifica como carcinógeno para los seres humanos (Grupo 1) y en la UE está clasificado como carcinógeno y mutágeno de categoría 1B. Pero hay una diferencia fundamental:
Un tensioactivo etoxilado no es óxido de etileno.
Durante la fabricación, el óxido de etileno reacciona químicamente para formar una molécula diferente. Que para fabricar un ingrediente se utilice una sustancia peligrosa no significa que el ingrediente resultante tenga automáticamente las mismas propiedades. Por eso no podemos afirmar que los tensioactivos etoxilados sean, como familia, cancerígenos.
Entonces, ¿dónde está el problema? Lo que despertó especialmente nuestro interés fue algo que puede ocurrir durante ese proceso de fabricación. Y tiene nombre.
El invitado que nadie pidió: 1,4-dioxano
Durante la fabricación de determinados tensioactivos etoxilados puede generarse 1,4-dioxano. No se añade al detergente:
Y esto importa porque el 1,4-dioxano es una sustancia con preocupación toxicológica reconocida: en Europa está clasificado como carcinógeno de categoría 1B y se encuentra en la lista de sustancias extremadamente preocupantes de REACH.
Eso tampoco significa que usar un detergente con trazas de 1,4-dioxano vaya a provocarnos cáncer. Para hablar de riesgo necesitamos conocer la dosis y la exposición. Y aquí aparece uno de los matices más importantes de esta historia.
¿Qué sabemos realmente del riesgo?
En 2024, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) completó una extensa reevaluación del 1,4-dioxano. Su conclusión puede parecer contradictoria, pero explica perfectamente el problema:
Considerado globalmente
La EPA considera que el 1,4-dioxano presenta un riesgo irrazonable para la salud humana.
En el uso doméstico
No considera que el uso de detergentes con 1,4-dioxano como contaminante contribuya por sí mismo a ese riesgo para el consumidor.
Hasta aquí podríamos quedarnos tranquilos. Pero la evaluación no termina ahí. La propia EPA identifica problemas asociados a la fabricación, a exposiciones de trabajadores y a algo especialmente interesante: el 1,4-dioxano de detergentes y lavavajillas puede terminar por el desagüe, alcanzar aguas superficiales y contribuir a la exposición de la población a través del agua potable.
Por tanto, la pregunta cambia. Ya no es solamente «¿me hará daño lavar hoy mi ropa con este detergente?». También podemos preguntar:
¿Tenemos necesidad de generar esta sustancia para lavar nuestra ropa?
Reducir el riesgo o evitar el problema
La industria dispone de tecnologías para reducir las cantidades residuales de 1,4-dioxano, y hacerlo es evidentemente positivo. Pero creemos que merece la pena plantear una pregunta anterior. Si una sustancia es carcinógena, no cumple ninguna función en el producto terminado y aparece como consecuencia de una determinada ruta industrial:
¿nuestra aspiración debería ser únicamente controlar cuánto queda, o deberíamos intentar evitar su generación siempre que existan alternativas razonables?
No es una pregunta toxicológica. Es una pregunta sobre prevención. Y para responderla necesitamos saber algo fundamental: ¿podemos limpiar sin etoxilar?
¿Podemos limpiar sin etoxilar?
Sí.La etoxilación no es la única manera de fabricar tensioactivos. Existen otras rutas:
Esto no significa que sean perfectos —también necesitan materias primas, energía, procesos químicos y transporte— ni que podamos sustituir mañana todos los tensioactivos etoxilados del planeta. Pero demuestra algo importante:
Existen otros caminos. Hay más de una manera de limpiar.
Cuando ser pequeño puede convertirse en una ventaja
Durante décadas, las grandes compañías tuvieron ventajas difíciles de discutir: enormes departamentos de investigación, capacidad industrial, distribución, publicidad y marcas reconocidas por millones de personas. Todo eso sigue existiendo. Pero una parte de los consumidores ha cambiado.
Ya no quiere saber solamente qué hace un producto y cuánto cuesta. Quiere saber qué contiene, de dónde procede, cómo se fabrica, quién lo fabrica y qué ocurre después de utilizarlo. Y ahí el tamaño ya no siempre juega a favor.
Un laboratorio pequeño puede cambiar una formulación, elegir otras materias primas, explicar por qué las utiliza y establecer una relación mucho más directa con quien compra su producto. Y si además ofrece un producto eficaz a un precio competitivo, ocurre algo especialmente interesante: demuestra que otra manera de formular no pertenece necesariamente al futuro. Ya existe.
No significa que las pequeñas empresas tengan siempre razón ni que sus productos sean automáticamente mejores. Significa que hoy pueden competir en un terreno donde el tamaño importa menos que antes: la coherencia y la capacidad de explicar qué haces, cómo lo haces y por qué lo haces así. Quizá una parte de la gran industria de la limpieza todavía no haya terminado de entender este cambio.
Fuentes principales
Evaluación de riesgo del 1,4-dioxano de la EPA estadounidense (2024), que analiza conjuntamente consumidores, trabajadores, procesos industriales, vertidos y exposición mediante agua potable · Revisión sobre formación y medición del 1,4-dioxano en productos de limpieza, Journal of Surfactants and Detergents · Revisión científica sobre alquil poliglucósidos (APG) · Revisión de 2026 publicada en Chemical Engineering Journal.
Nota metodológica: la muestra de 36 productos realizada por El Gramo Original es exploratoria y no pretende representar estadísticamente el mercado español. Clasificamos un producto como «etoxilado identificado» únicamente cuando la información pública permitía identificar químicamente al menos un tensioactivo obtenido mediante etoxilación.
Eduardo Ghigliotto Vega
Comerciante y comunicador con formación en periodismo y trayectoria comercial.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.